El Anticristo. La Bestia (ó Fiera) del Mar. El Hombre Impío. El Desolador.

Es la “última Fiera” de Daniel (mediados del s. VI a.C.),  según  Castellani y Straubinger, quien dice que la segunda parte del libro de Daniel (Dn. 7, 2-14) anuncia las cuatro bestias que simbolizan la sucesión de las monarquías paganas y el advenimiento del reino de   Dios: «“Yo estaba mirando durante mi visión nocturna … y vi  una cuarta bestia, espantosa y terrible y extraordinariamente fuerte, que tenía grandes dientes de hierro. Devoraba y desmenuzaba, y lo que sobraba lo hollaba con los pies. Era diferente de todas las bestias anteriores y tenía diez cuernos. Estaba yo contemplando los cuernos, cuando divisé otro cuerno pequeño, que despuntaba entre ellos; y le fueron arrancados tres de los primeros cuernos. Y he aquí que había en este cuerno ojos como ojos de hombre y una boca que profería cosas horribles (blasfemias)”. Y añade: “En este pequeño cuerno los Padres — entre otros San Ireneo, Teodoreto, San Jerónimo, Lactancio— y los comentadores modernos —Maldonado, Cornelio A. Lapide, Calmet— y muchos exégetas contemporáneos, sean católicos, sean protestantes, han visto con razón la figura del Anticristo”. Recordemos que, después de las bestias, Daniel vió Uno “semejante a un hijo de hombre” (Jesús)  al que “se le dio el dominio, la gloria y el reino, para que todos los pueblos y naciones y lenguas le sirvieran. Y su dominio es eterno y nunca tendrá fin, y su reino jamás será destruido”.

San Juan escribió (Ap. 13, 1-8): «Y del mar vi subir una bestia con diez cuernos y siete cabezas, y en sus cuernos diez diademas, y en sus cabezas nombres de blasfemia. La bestia que vi era semejante a una pantera; sus patas eran como de oso, y su boca como boca de león; y el dragón le pasó su poder y su trono y una gran autoridad. Y (yo vi) una  de sus cabezas como si se le hubiese dado muerte: mas fue sanada de  su golpe mortal, y maravillóse toda la Tierra, (y se fue) en pos de la bestia. Y adoraron al dragón, porque él había dado la autoridad a la bestia;  y adoraron  a  la bestia,  diciendo:  “¿Quién cómo  la  bestia? y ¿quién puede hacerle guerra?”. Y se le dio una boca que profería altanerías y blasfemias; y le fue dada autoridad para hacer su obra durante cuarenta y dos meses     

Le fue permitido también hacer guerra a los santos y vencerlos; y le fue dada autoridad sobre toda tribu y pueblo y lengua y nación. Y lo adorarán (al dragón) todos los moradores de la tierra». Según Straubinger, pantera, oso y león son las tres primeras bestias de la visión de Daniel y esta bestia recuerda también la cuarta por él descrita por los diez cuernos, además de reunir en sí el  total de las siete cabezas de las cuatro bestias.

La Bestia del Mar es el Anticristo según los intérpretes, antiguos y modernos. El “que había sido sanado del golpe mortal”, es decir, seudoresucitado; el “restaurador del Imperio de Augusto” según los Santos Padres; el fundador y beneficiario de una nefanda religión falsificada (Castellani), y con autoridad durante 42 meses, tres años y medio, los 1.260 días mencionados en Ap. 11, 3-12 al hablar de «los  dos testigos que, vestidos de saco, profetizarán durante 1.260 días  … Y cuando hayan acabado su testimonio, la bestia que sube del abismo

les hará guerra, los vencerá, y les quitará la vida. Y sus cadáveres (yacerán) en la plaza de la gran ciudad que se llama alegóricamente Sodoma y Egipto, que es también el lugar donde el Señor de ellos fue crucificado. Y gentes de los pueblos y tribus y lenguas y naciones contemplarán sus cadáveres tres días y medio, y no permitirán que se  dé sepultura a los cadáveres. Y los habitantes de la tierra se regocijan a causa de ellos… Pero, al cabo de los tres días y medio, … se levantaron sobre sus pies, y … subieron al cielo en la nube, a la vista de sus enemigos». Antiguamente se consideró que serán Elías y Enoc, aunque hoy se piensa más bien en Moisés en lugar de Enoc.

Al Anticristo se refiere Nuestro Señor cuando dice: “Yo he venido en Nombre de mi Padre, y no Me recibísteis; si otro viene en nombre  propio, a ése si lo recibiréis” (Juan 5, 31-47). Al que todos adorarán diciendo: “la Tierra entera se maravilló y seguía tras la bestia … ¿quién como la bestia?” (Ap. 13, 3 y 4). Esta adoración subraya la ya anunciada Gran Apostasía y el que solo un pequeño resto permanecerá en la fe; es el “resto escajológico” citado en Miqueas 5.6; Sofonías 3.12; Isaías 4.4, 10.22 y 28.5; Esdras 9:5-9; Zacarías 8:1-8; Jeremías 23.3 y 31.7-9; y en multitud de revelaciones privadas.

San Pablo dijo (2 Tesalonicenses 2): “Acerca de la Venida de nuestro Señor Jesucristo … antes tiene que venir la apostasía y manifestarse el hombre impío, el Ser condenado a la perdición, el Adversario, el que se alza con soberbia contra todo lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de culto, hasta llegar a instalarse en el Templo de Dios, presentándose como si fuera Dios. … Ya sabéis qué es lo que ahora lo retiene para que no se manifieste sino a su debido tiempo. El misterio de la iniquidad ya está actuando. Sólo falta que desaparezca el que lo retiene”. Pablo atribuyó, pues, el retraso de la manifestación del Anticristo, que debe preceder a la Parusía a algo (2 Tes 2.6) o alguien (2 Tes2.7) que “le retiene (katéjon)”, una fuerza o persona que lo impide; muchos interpretan que es la Santa Misa, cuya desaparición (abolición del sacrificio perpetuo que dijo Daniel) abrirá las puertas al Anticristo.

El Pastor Necio ó Falso Profeta. La Fiera de la Tierra.El Desolador. Es quien hace que la Tierra y sus moradores adoren a la bestia primera, obrando grandes prodigios e imponiendo a todos «una marca impresa en la mano derecha o en la frente, a fin de que nadie pueda comprar ni vender … su cifra es 666» (Ap. 13.11-18). Téngase en cuenta que judíos y griegos trasponían a las letras signos numéricos, por lo que hay muchos nombres equivalentes al 666. Literalmente dice el Apocalipsis:

«Y vi otra bestia que subía de la tierra, y que tenía dos cuernos semejantes a los del cordero, más hablaba como el dragón, y ejercía  todo el poder de la primera bestia en su presencia; e hizo que la Tierra y sus moradores adorasen a la primera bestia, cuya herida mortal fue curada. E hizo grandes maravillas, de manera que aun fuego hacía descender del cielo a la tierra a la vista de los hombres. Y engañó a los moradores de la Tierra con los prodigios que se le permitieron hacer delante de la bestia, diciendo a los moradores de la Tierra, que hagan la figura de la bestia, que tiene la herida de espada, y vivió. Y le fue dado que comunicase espíritu a la figura de la bestia, y que hable la figura de la bestia; y que haga que sean muertos todos aquellos que no adoraren la figura de la bestia. Y a todos los hombres, pequeños, y grandes, ricos, y pobres, libres, y siervos hará tener una señal en su mano derecha, o  en sus frentes. Y que ninguno pueda comprar, o vender, sino aquel que tiene la señal, o nombre de la bestia, o el número de su nombre. Aquí hay sabiduría. Quien tiene inteligencia calcule el número de la bestia. Porque es número de hombre; y el número de ella seiscientos sesenta y seis».

Es el “pastor necio”, o insensato, que profetiza Zacarías (Za. 11.15).  Para San Jerónimo: “El pastor necio es el anticristo sin duda”, aunque, con más propiedad, puede decirse que es su acólito.

Para Castellani es el otro seductor y tirano del mundo, al que más tarde Juan llamará el “Pseudoprofeta”, tiene un carácter religioso: “semejante al Cordero” y surge de la Tierra-firme, la Religión; no como la otra, del Mar, del mundo mundano. Y esta fiera es la que hizo que todo el mundo adorara a la Bestia del Mar. Un poder religioso, un falso profeta, un “mago” ilusionista o técnico: exégesis unánime, puesto que está claro en el texto; sólo que algunos no ven un hombre personal, sino un cuerpo colectivo, como los sacerdotes paganos, propagandistas de la religión del César.

Para el Padre Basilio Merámo, «el Anticristo en su versión religiosa, la bestia de la tierra, es un mitrado, un obispo de la jerarquía de la Iglesia; está suficientemente señalado para identificarlo, pues tiene cuernos  como de cordero, o sea la mitra, los dos cuernos de Moisés que simbolizan el Antiguo y Nuevo Testamento. Luego la abominación de la desolación en el lugar santo, la adulteración de la religión, la profanación de la Iglesia, la falsificación de la fe y de los dogmas de fe, son la obra del pseudo-profeta, la bestia de la tierra al servicio del mundo y de su poder político, la sinarquía judaica, representada en la bestia del mar; formado entre ambos el Anticristo completo, que representan estas dos Bestias o Fieras apocalípticas» (Tiempos apocalípticos, radiocristiandad.wordpress.com).

Aunque el propósito de este trabajo no es enlazar de forma general con las revelaciones privadas, cuestión importantísima que merece estudio aparte, por una vez voy a traer una para apoyar la exégesis anterior: la célebre profecía de San Francisco de Asís, quien dijo en su lecho de muerte que «en el momento de esta tribulación, un hombre, elegido no canónicamente, se elevará al Pontificado, y con su actuación  se esforzará en llevar a muchos al error y a la muerte» (Obras del Seráfico Padre S. Francisco de Asís, Washbourne, Londres, 1882, pag. 248-250).

El contexto temporal

El haber hablado anteriormente de los tres años y medio del mandato  del Anticristo (42 meses, 1.260 días), prácticamente obliga tratar de los varios periodos de tiempo mencionados el Libro de Daniel, tanto de las 69 semanas de años que pasan desde el decreto de Artajerjes de reedificar el templo de Jerusalén (a mediados del siglo V a.C., tras el cautiverio) hasta la Resurrección del Mesías, como de os acontecimientos que ocurrirían dentro de la septuagésima semana. Setenta es un recurrente número bíblico: 70 semanas de años (490  años; número igual al de veces que dice Jesús a Pedro que tiene que perdonar), es la duración de la Antigua Alianza establecida por Dios al pueblo de Israel hasta el Final de los Tiempos y 70 años duró el exilio del pueblo judío (Judá) en Babilonia, como Dios había advertido por medio del profeta Jeremías (Je. 25, 11). Desde el inicio de la reconstrucción del templo de Jerusalén hasta la muerte del Mesías transcurren 483 años, deteniéndose el reloj bíblico. Y 70 años pasan desde el nacimiento de Cristo hasta destrucción de Jerusalén.

Partiendo de que Jesús afirma que “nadie sabe el día ni la hora” (Mt. 24, 36; Mc 13, 32), el Profeta Daniel habla de periodos de 1.290, 1.335 y 2.300 ¿días?: «… Y oí hablar a uno de los santos; y otro santo dijo a aquel que estaba hablando: “¿Hasta cuándo durará (lo anunciado en) la visión del sacrificio perpetuo, el pecado de la desolación y el abandono del Santuario y del ejército que serán hollados?” Y él me dijo: “Hasta 2.300 tardes y mañanas (tres años lunares y medio de días completos, mañana y tarde; aproximadamente el tiempo de profanación de  Antíoco); y será purificado el Santuario” (Dn. 8, 13)… “ Desde el tiempo en que será quitado el sacrificio perpetuo y entronizada la abominación desoladora, pasarán 1.290 días. ¡Bienaventurado el que espere, y llegue a 1.335! (Dn. 12, 11; 45 días de diferencia, un misterio que Dios parece haber dejado intencionalmente en suspenso)». Y, por último, el periodo que corresponde a “un tiempo señalado, tiempos señalados y medio” escribió (Dn. 9, 27): «Y por otra semana (es decir: siete años)  confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador».

La señal histórica de la proximidad del comienzo de la “última semana”  la aporta el propio Cristo cuando le preguntaron por la Parusía (Lc. 21, 7 y 29; Mc. 13, 28): «“Maestro, ¿cuándo ocurrirán estas cosas, y cuál será la señal para conocer que están a punto de suceder?” …“Mirad la higuera y los árboles todos: cuando veis que brotan, sabéis por vosotros mismos que ya se viene el verano. Así también, cuando veáis que esto acontece, conoced que el reino de Dios está próximo” … “De la higuera aprended la semejanza: cuando ya sus ramas se ponen tiernas, y brotan las hojas, conocéis que el verano esta cerca; así también, cuando veáis suceder todo esto, sabed que (Él) está cerca, a las puertas”». Hay quien ha visto en la creación del Estado de Israel en 1948 el comienzo de un periodo de 70 años previos al comienzo de la “última semana” y ven en las Lunas  de Sangre ocurridas a final de ese periodo ese comienzo

Un inciso bíblico-astrológico. Lunas de Sangre ó Rojas son los eclipses lunares y tétradas de lunas rojas es la próxima sucesión de cuatro de ellos; no se rigen por ningún modelo matemático, pudiendo pasar siglos sin ninguna. Durante 2000 años todas han estado relacionadas con el pueblo judío, quien las considera un aviso generalmente negativo. Desde el nacimiento de Cristo hasta hoy, las ocho ocurridas han estado relacionadas con acontecimientos del pueblo judío. Hubo una tétrada de eclipses lunas rojas entre 1493 y 1494, tras la expulsión de todos los judíos de España. Tras el nacimiento del estado de Israel (14-V-1948; Resolución 181/1947 ONU) hubo tétrada de lunas de sangre entre 1949  y 1950; habían pasado 456 años sin ellas y no habrá más tétradas en 620 años (según la NASA). En 1967 hubo luna de sangre coincidiendo con la Guerra de los Seis Días, cuando Israel conquistó a Jerusalén. Entre 2014 y 2015 hubo tétrada de lunas rojas en las principales fiestas judías, Pascua (Pésaj) y Tabernáculos (Sucot), cosa que solo ha ocurrido ocho veces en toda la historia, y ésta vez en coincidencia de fechas con las ocurridas los años 32 y 33 (NASA). Entre 2014 y 2019 hubo siete lunas rojas; la NASA considera la del 27-VII-2018 el más importante eclipse de luna de sangre del siglo XXI. Es sabido que la Biblia recoge la historicidad de fenómenos estelares para anunciar acontecimientos trascendentes, por lo que el pueblo judío en general, y también algunos estudiosos cristianos (Damián Galerón entre ellos), ven en  los fenómenos citados la plasmación de textos bíblicos (Génesis 1, 14; Joel 3, 4; Apocalipsis 6, 12).

Muchos otros importantes personajes y detalles aparecen en la  revelación pública, pero considero estos entre los más significativos.