Basado, fundamentalmente, en los trabajos del Padre Castellani, este compendio del último libro de la revelación pública lo empezaré transcribiendo su comienzo y su resumen:

Apocalipsis 1, 1-4: “Ésta es la revelación de Jesucristo, que Dios, para manifestar a sus siervos las cosas que pronto deben suceder, anunció y explicó, por medio de su ángel, a su siervo Juan … Bienaventurado el  que lee y los que escuchan las palabras de esta profecía y tienen presente las cosas en ella escrita; pues el momento estácerca”.

Ap. 22. 1-7: “Mira que estoy para llegar. Dichoso quien hace caso del mensaje profético contenido en este libro”.

Ap. 22, 12-13: “Vengo presto y conmigo mi recompensa, para dar a  cada uno según susobras”.

Como dijo el P. Alfredo Sáenz S.J. en el prólogo del libro de Castellani (y en El Fin de los Tiempos y siete autores modernos), en alusión a quienes motejan el Apocalipsis de incomprensible, “un enigma insoluble es lo contrario de una revelación”. Y es que Apocalipsis significa “des- envelamiento” o, mejor, “revelación”. Como insistió mucho en explicar Castellani, es un «libro profético, acerca de un futuro cierto que no sabemos cuándo llegará… Palabra del Dios Que Es, Era y Será, del Dios Que Viene, del Dios cuya Segunda Venida al Final de los Tiempos esperamos y pedimos: Ven, Señor, Jesús … El Apokalipsis es una  profecía sobre los Últimos Tiempos … coherente … (y) descifrable, aunque (esto último) sea difícil».

Para su interpretación, como en toda la Sagrada Escritura, cuando más literal y tradicional sea su exégesis, mejor será; la interpretación en sentido alegórico es secundaria y debe basarse en el sentido literal, que debe ser el primero según Santo Tomás y Castellani.

El texto de San Juan fue escrito sin divisiones; los 22 capítulos de las biblias `inglesas´ tienen su origen en el siglo XIII, aunque la estructuración más recomendable, y poco corriente, es la de las visiones (siglo IV). Las visiones de S. Juan se desarrollan alternativamente en el Cielo y en la Tierra, junto con otras en un “punto intermedio o punto histórico” de realidades morales tales como los cismas y herejías, la conversión de Israel, etc.

La marcha del libro de no es recta, sino en espiral. El aparente método  de San Juan es la recapitulación, como ha sido visto desde antiguo por los Padres de la Iglesia; es decir, cesa su narración en unos momentos dados, próximos a la Parusía (`advenimiento´ o `llegada´ en griego), y vuelve atrás con una nueva visión; los Cuatro Septenarios (siete  Iglesias, Trompetas, Sellos y otras tantas Copas) son claro ejemplo de ello.

Un inciso: la opinión general de los santos padres es que  lassiete iglesias a las que se dirigen las cartas, aunque con nombres de las contemporáneas del apóstol existentes en Asia Menor (Turquía), y sin desdeñar interpretaciones a corto plazo, y literales en lo geográfico y temporal (imagen, modelo, prefiguración o Tipo, del latín typus y del griego tupon, que significa modelo o símbolo de una realidad futura – umbra futurotum-), corresponden a siete épocas sucesivas del desarrollo de la Iglesia en la historia (Antitipo).

La síntesis del Apocalipsis está precisamente en su centro, capítulos 11 y 12, no al final como suelen hacer los libros de nuestra cultura, al estilo del desenlace de una novela o las conclusiones de una tesis doctoral. Como dice el P. José Ignacio González Villanueva, O.S.B., «es un estilo personal del Señor y viene enmarcado por las `inclusiones´ al comienzo y fin del Apocalipsis; el meollo está en la séptima trompeta y en la lucha de la “Mujer Coronada” contra Satanás» (Ap. 11, 17-18 y Ap. 12, 10b- 12).

Las tres grandes partes del libro son las que se refieren a la Historia de  la Iglesia  (las siete cartas antedichas), El Día de Yahvé-Yahveh/Jehová y El Día del Señor/Domingo de laHistoria.

Como dice Antonio Yagüe (autor de Reflexiones al hilo del Apocalipsis),

«el motivo central del Apocalipsis es la descripción del periodo histórico denominado en toda la Sagrada Escritura como el Día de Yahvé: “He  aquí que el Día de Yahvé viene implacable, el arrebato, el ardor de su ira, a convertir la Tierra en yermo y exterminar de ella a los pecadores” (Is. 13.9). Casi todos los profetas hablan de ese día y siempre con tintes dolorosos (Ez. 30; Jo. 2; Am. 5; Ab; Sof. 1; Zac. 14; Mal. 3)». El Día de Yahvé está descrito entre las visiones de los Siete Sellos y el Juicio de Babilonia del Apocalipsis (capítulos 4 a 19); son los acontecimientos unidos al Fin de los Tiempos o Los Últimos Tiempos, a la Segunda Venida de Cristo y al Juicio de las Naciones.

Tras las calamidades que anuncian las últimas Trompetas/Sellos/Copas, que se conocerán luego como `El Castigo´ (Mateo 24: «… entonces Él  les respondió y dijo: … habrá, entonces, grande tribulación, cual no la hubodesdeelprincipiodelmundohastaahora,nilahabrámás»),

El Juicio de las Naciones no es el Juicio Final. El de las naciones es también citado por el apóstol Mateo y los profetas Joel y Zacarías (Mt. 25, 31-46: “cuando venga en su gloria el Hijo del Hombre … serán reunidas ante Él todas las naciones”; Jo. 4, 12: “… vengan las naciones al Valle  de Josafat: allí me sentaré a juzgar a las naciones vecinas”).

Muchas más revelaciones contiene el libro de S. Juan, en concordancia con otras profecías anteriores (Las Tres Ranas/Herejías, El Dragón/Demonio, La Primera Bestia/Anticristo, La Segunda Bestia/Falso Profeta, El Pequeño Resto, La Mujer Coronada), pero no hay espacio ahora para ellas. Continuemos.

El Reino Milenario. El Día del Señor

Tras la Parusía, continúa la vida de la Iglesia, aunque dibujada más someramente. Castellani prefiere, por muchas y muy válidas razones, la interpretación literal del tan controvertido Reino Milenario del capítulo  20; es decir, que esto que está dicho se cumplirá tal cual; de modo que leerlo basta y huelgan las explicaciones.

«Y vi un ángel que descendía del cielo y tenía en su mano la llave del abismo y una gran cadena. Y se apoderó del dragón, la serpiente  antigua, que es el Diablo y Satanás, y lo encadenó por mil años, y lo arrojó al abismo que cerró y sobre el cual puso sello para que no sedujese más a las naciones, hasta que se hubiesen cumplido los mil años, después de lo cual ha de ser soltado por un poco de tiempo. Y vi tronos; y sentáronse en ellos, y les fue dado juzgar, y (vi) a las almas de los que habían sido degollados a causa del testimonio de Jesús y a causa de la Palabra de Dios, y a los que no habían adorado a la bestia ni a su estatua, ni habían aceptado la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Los restantes de los muertos no tornaron a vivir hasta que se cumplieron los mil años. Esta es la primera resurrección. ¡Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección! Sobre éstos no tiene poder la segunda muerte, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, con El que reinarán los milaños».

El capítulo 20 termina con un párrafo sobre que posteriormente Satanás es soltado y derrotado definitivamente, y otro que trata del Juicio Final. Luego viene el capítulo sobre “La Nueva Jerusalén”, lo que algunos llaman Domingo de la Historia o Día del Señor (Pablo, I Tesalonicenses: 5; Pedro, II: 3, 10-13; S. Agustín: Sermón 259), y este estremecedor Epílogo:

«Yo advierto a todo el que oye las palabras de la profecía de este libro:  Si alguien añade a estas cosas, le añadirá Dios las plagas escritas en este libro; y si alguien quita de las palabras del libro de esta profecía, le quitará Dios su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa, que están descritos en este libro. El que da testimonio de esto dice: “Sí, vengo pronto”. ¡Así sea: ven, Señor Jesús! La gracia del Señor Jesús sea con todos los santos. Amén».

Ha habido y hay gran variedad de juicios sobre la interpretación literal  del capítulo 20, llamada Milenarismo, que Castellani prefiere llamar Milenismo como lo hizo S. Agustín, quien inicialmente fue milenarista y luego decidido detractor de esa postura. Entendiendo por milenarismo  los “mil años” del reinado de Cristo que transcurrirían entre las dos resurrecciones, la primera la de los justos (martirizados en la Gran Tribulación) y la general para el Juicio Final, se han dado los dos extremos: por un lado la Pontificia Comisión Bíblica condenó en 1941 los abusos del alegorismo (alejamiento de lo literal) y por otro la Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio decretó en 1944 que “no se  puede enseñar con seguridad” que, con resurrección anterior (al Juicio Final) de muchos o sin ella, vendrá Nuestro Señor a esta Tierra a reinar. Para los Santos Padres, en general, los mil años del reinado de Cristo es un periodo de tiempo al que luego seguirá el Juicio Final, mientras que para S. Agustín (y posteriores) es “un punto singular” en el que se reunirán Juicio y Reino a la vez. Recordemos que el Salmo 89, 4: “así como mil años son a tus ojos lo que el día de ayer…”.

Lo que está prohibido, según Castellani, para quien el “milenismo espiritual” no ha sido jamás condenado por la Iglesia (sería condenar a  la mayoría de los Santos Padres de los cinco primeros siglos) es enseñar “que Cristo reinará visiblemente desde un trono en Jerusalén  sobre todas las naciones”. Lo mismo opina en nuestros días el profesor de la Universidad de Sevilla Antonio José Sánchez Sáez (El milenarismo espiritual, en“comovaradealmendro.com”).

Con este resumen queda centrado el concepto de Fin de los Tiempos y  los principales actores y detalles de los mismos, los cuales merecen un tratamiento detallado másadelante.