El Santo y Seña (por José Luís Jerez Riesco, Abogado y escritor)

 

Hay palabras que, bien conocidas, posibilitan el acceso a los lugares restringidos, cuando el centinela nos las demande. Para tener acceso a las mismas, dos factores son imprescindibles: tener memoria para interiorizarlas, no dejar en el olvido su mención cuando nos fuesen requeridas, y ser personas consideradas idóneas, para devenir poseedores de la palabra mágica, por sus efectos de dejar el paso franco a nuestra intención de arribada al lugar de destino deseado y cierto.

Una palabra de esta naturaleza es la que sirve de cabecera a la publicación que hoy se inicia, en unos momentos difíciles y cruciales de la Historia de España: “AFÁN”, vocablo que tiene connotaciones latinas, donde el término “afán” derivaba de la voz “Anxietas”, que tenía en el vocabulario clásico romano un abanico de significados, todos ellos conexos y consecuentes, que se adaptan, de forma plena y ajustada, a la circunstancias actuales. Era una expresión lanzada para significar angustia o congoja, que iba aparejada con la correspondiente inquietud, por lo que había que estar solícitos y poner esmero y cuidado para afrontar la aflicción y el desasosiego anquilosado circundante, que era motivo de dar una respuesta o discusión exacta y rigurosa, que eso era lo que se matizaba con la expresión “anxietas disputationis”, cuando la confusión cegaba el discernimiento de los interlocutores.

En nuestros días la palabra “afán” quiere manifestar el trabajo excesivo y recio, el vehemente anhelo puesto en el empeño para salir de un atolladero y conseguir salir victorioso, alcanzar el objetivo propuesto, por la vía seca del esfuerzo decidido e ilusionante.

Como rótulo de órganos de prensa y comunicación, no ha estado la denominación “Afán” ajena en los momentos de singular preocupación y, en general, vinculada a reivindicaciones sociales. Entre los medios de difusión, periódicos y revistas, que han utilizado dicha identidad, la hallamos en Palencia, que con tal denominación se publicaba, el día 8 de noviembre de 1936, el primer ejemplar de un semanario, que el al año siguiente se añadiría el subtítulo de “Semanario de Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S.”; o el semanario de Badajoz, de idéntico nombre, del que se llegaron a editar 179 números, en el diapasón temporal que abarca desde el 5 de julio de 1937, hasta su cierre el 9 de diciembre de 1940, ambos semanarios de ámbito provincial, lanzados en plena contienda bélica.

Pero tal vez la publicación de mayor relieve, bautizada como “Afán”, fue el semanario de divulgación social, orientado hacia los trabajadores, que se dilató, desde 1944 hasta 1957, año en el que alcanzaba ya los 704 ejemplares, editados de forma correlativa y sucesiva, que tuvo sus oficinas en la Plaza de las Cortes número, 3 de la capital de España, distinguiéndose, como director del semanario, Víctor de la Serna, hijo de la célebre escritora cántabra Concha Espina. Por cierto, que durante la década de los años cincuenta del siglo XX, colaboró en “Afán”, esporádicamente, el jefe rexista belga, León Degrelle, a quien se extendió, el 19 de enero de 1950, un carné acreditativo de periodista, en el que figuraba el nombre supuesto de “Juan Sanchís Dupré”, por estar su poseedor en una alambicada situación de exiliado y perseguido político.

Muchos años más tarde, desde 1989 hasta 1991, “Afán” se tildaría al Órgano de Falange Española de las J.O.N.S. en Tarragona, del que se llegaron a lanzar, al menos, 22 ejemplares.

Hoy surge, como reto y desafío, presto para el debate, entre la llamada de toque de la responsabilidad, con espíritu de superación y elevación, con renovado impulso de claridad mediática, el periódico “Afán”, que abre sus páginas con ansias de amor a España y voluntad de servicio.

12 meses ago