Jesús Villanueva Jiménez

Apenas faltan unas horas para que se den las doce campanadas y despidamos 2019. Engulliremos, como podamos, las consabidas uvas y nos abrazaremos deseándonos lo mejor para el año que acaba de nacer. Las calles y plazas de ciudades y pueblos de España se abarrotarán de alegres paisanos, abducidos por la algarabía del festejo cegador, ilusionados con alcanzar el nuevo año lo deseado, negado por los que quedaron atrás. Brillarán en el cielo los multicolores fuegos de artificio, mientras las copas de vinos y cavas choquen entre sí, apagando el tintineo el estruendo de la pólvora incendiada en las alturas. Que viva la fiesta… mientras España se rompe.

Concluimos 2019 con la inminente investidura del más farsante político de Occidente, Pedro Sánchez Pérez-Castejón, y, en consecuencia, la formación de un Gobierno por él presidido, acompañado de un vicepresidente, Pablo Iglesias Turrión, comunista defensor a ultranza de tiranías criminales sustentadas por el narcotráfico, y aliado de etarras e independentistas catalanes, así como de cualquier movimiento que surja en un rincón de nuestra nación clamando por la ruptura de la unidad de España; ese mismo Iglesias que antes fue furibundo detractor de la casta y hoy forma parte de ella como acaudalado burgués. Con esa misma morralla se ha aliado Sánchez para afianzarse en el poder, estafando a todos, a los que les votaron confiando en su palabra de no pactar con Unidas Podemos ni con independentistas, y a la inmensa mayoría de los españoles, que consideramos la unidad de la Patria una cuestión indiscutible. La ambición psicopática de Sánchez le hace un peligro para la libertad de expresión, de información y las libertades en general de los españoles. Ahí tenemos su imposición de no admitir preguntas a los periodistas en el acto de la firma del acuerdo de gobierno entre PSOE y Unidas Podemos. Sólo es un botón de muestra. A su historial de imposiciones a decretazos me remito; a su historial de mentiras; a su historial de negar lo afirmado un día antes; a su historial de estafas a la ciudadanía. Pedro Sánchez nada como pez en el agua en la charca pestilente en la que se ha convertido la execrable partitocracia que padece España.

DE lejos viene el «trabajo» de Sánchez. Para su asalto al poder siempre ha contado con un plan B, un C y los que fueren menester. El manejo de la Judicatura ha sido fundamental en sus negociaciones con los independentistas catalanes. Ahí vimos a Marchena, que parecía un gallo durante el juicio del llamado «procés», del golpe de Estado, y se quedó en gallina, cacareando una sentencia de sedición —y no de una evidente rebelión—, ajustada a las necesidades de Sánchez. Y ahora observamos a la Abogacía del Estado, que se ha plegado al separatismo, a conveniencia del presidente en funciones, pidiendo que Junqueras pueda ejercer de eurodiputado. No existe en España el Estado de Derecho.

El PNV podrá decidir sobre el destino de Navarra, ya de por sí acogotada por los bildu-etarras y demás escoria criminal; mientras los asesinos etarras encarcelados serán acercados a sus pueblos (La Secretaría General de Instituciones Penitenciarias acaba de trasladar de Alicante a Asturias al asesino etarra José María Arregui Erostarbe, «Fiti», condenado a más de mil años por tres atentados en los que murieron cinco personas y 118 fueron heridas). Un referéndum encubierto se ha pactado entre el PSOE y ERC, para que «Cataluña» pueda decidir sobre los acuerdos de la mesa de diálogo, ese aquelarre, facilitando el camino a la independencia. Y esto no es más que una ínfima parte de lo que Sánchez habrá concedido a los aliados necesarios para su investidura.

El macabro tándem Sánchez-Iglesias nos llevará a la ruina social y económica. En España, si nada lo impide, se establecerá un régimen tiránico, camuflado de una falsa democracia. Manifestarse en contra del pensamiento único será perseguido, lo políticamente correcto en todos los órdenes de la vida se impondrá, como ya sucede, favorecido por una población abducida. La historia de España se reescribirá al dictado de la extrema izquierda y de toda la canalla enemiga de nuestra Patria. La traición de Sánchez se consuma.

Apenas quedan unas horas para que suenen las doce campanadas y nazca 2020. Apenas unas horas para que las calles y plazas de España se abarroten de ciudadanos embelesados por el anual festejo. Luego, el 4 y 5 de enero, se debatirá en el Parlamento sobre la investidura del más nefasto político de Occidente, que podrá conseguir la mayoría simple el martes 7 y formar el único gobierno social-comunista de nuestro entorno geopolítico, favorecido por los que quieren trocear España y por esos ciudadanos que consienten a la izquierda todas sus contradicciones, todas sus falsedades, todas sus patrañas, todas sus estafas. Dado que Felipe VI está de rodillas, sólo me queda creer en los Reyes Magos.