República en funciones, Monarquía en embargo. (Luis Fernández Villamea

España resulta especialista en cambalaches electorales. No de ahora, que ha aparecido Puigdemont en el Parlament, sino desde caliente aún el cuerpo de Franco, un catedrático de la universidad de Oviedo obsequió al mundo, urbe et orbi, con aquél legendario “de la ley a la ley”. Aquello era, además de un perjurio que afectaba al lado moral, un contrafuero de carácter jurídico y de dimensión sideral. Pero todo estaba pactado, y ante esto no hay fuerza capaz de pararlo.

Hoy pasa algo parecido. Se ha puesto en marcha el proceso separador de una región española del resto de la nación. Entonces fue un acuerdo entre el rey de Franco y toda la inmensa caterva del linaje opositor al Régimen del 18 de Julio, incluido el pistolerismo esukaldún, guanche, escamot o galego. Todos a una, con la inapreciable ayuda de los palmeros comunistas que ayudaron a asesinar a Carrero Blanco o los nuevos Socialistas de Suresnes o la aristocracia de la cultura que comandada por Suárez, abanderaba una política de puertas abiertas hasta niveles de alcanzar la pulmonía.

Todo valía para sacar adelante el encargo internacional de dotar a España de un conjunto de leyes fáciles de domar en los picaderos de la futura Europa de las Patrias, que no era más que un producto mercantil, que nos venía muy bien como un Tratado Preferencial, pero que nos convertía en súbditos en materia política y fiscal, que no es moco de pavo, si pretendíamos guardar una mínima soberanía, aunque solo fuese a efectos dialécticos.

El pacto se ejecutó y desde ese momento se empezó a adquirir el producto separador, que no pedía nadie y se comenzaron a subvencionar entidades culturales, que tenían la intención, en exclusiva, de llevar a España a un conjunto plural, que se cobijaba bajo el paraguas de “las nacionalidades” de las que hablaba, en plano preferente la Constitución que elaboraron y sancionaron todos los enemigos del 18 de Julio. Incluidos los que juraron hasta 9 veces los principios y leyes del Movimiento Nacional, con el rey Nuestro Señor a la cabeza.

Hoy tenemos otro Rey, heredero en todo del anterior, más joven, menos frívolo, pero asediado en casa y en la oficina, por actores que se mueven ante el buenismo politizado con vetas granscianas y la mansedumbre crónica de quién, de tanto esperar, ha perdido el norte de cuando le toca salir a escena. Y todo, otra vez, es producto de otro pacto para llevar a España a otra guerra civil que, a estas alturas, ya es muy difícil de evitar. Por un lado el interlocutor es un político que ha proclamado el nacimiento de una República en funciones – a la espera del sello definitivo- y por otro queda una Monarquía que se dice constitucional y que ha puesto esa Constitución germinal en embargo, mientras le deja el mando de la nave a un andarin compulsivo que da la sensación, de que lleva al Estado más en las piernas que en la cabeza.

Pero se han dando otra tregua para pactar, porque meter en la cárcel, de una tacada, a estos paletos con barretina, aupados a la televisión y los periódicos por otros palmeros, mitad escamots y mitad marxistas profesionales del agip-prop y del aparceo de masas, es mucha faena para el gobernante mayor de una España descafeinada, ñoña, contaminada por la Lgtbi y por el aroma cautivador del hedonismo político y moral.

 

Luis Fernández- Villamea Silio

11 meses ago