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Foro de Davos de 2024: la más abyecta y descarada declaración de intenciones | Por Jesús Villanueva Jiménez.

Ante la pasividad de la población, las oligarquías globalistas aceleran las medidas para acrecentar el control social.

Hace unos días, del 15 al 19 de enero, se ha celebrado la 54ª reunión anual del llamado Foro de Davos. El Foro Económico Mundial, que fundó (en 1971) y preside el siniestro Klaus Schwab. Si entramos en la página oficial de la organización, podremos leer en su portada: «El Foro Económico Mundial es la Organización Internacional para la Cooperación Público-Privada. Proporciona una plataforma global, imparcial y sin ánimo de lucro para una conexión significativa entre las partes interesadas con el fin de establecer la confianza y crear iniciativas para la cooperación y el progreso. Juntos, podemos mejorar el estado del mundo. […] El mundo se enfrenta a una serie de retos sin precedentes. La colaboración entre empresas, gobiernos y sociedad civil será crucial para encontrar soluciones comunes y tomar medidas decisivas. […] En un panorama mundial en rápida evolución, el Foro Económico Mundial adopta un enfoque holístico para fomentar el cambio positivo. Nuestra estrategia se basa en nuestros centros, comunidades, reuniones, socios y conocimientos.» Cualquier lector ingenuo o bienintencionado, como la mayor parte de la ciudadanía, podría concluir al leer esta declaración de intenciones que el Foro de Davos es una organización que trabaja para el bien de la humanidad, para contribuir en el alcance de la mejor calidad de vida para la población mundial. Y será una mayoría la que asumirá esta conclusión, señalando y demonizando, incluso, a quienes —¡oh, conspiranoicos!— observamos en este Foro una organización criminal al servicio de los intereses de emporios financieros (y clanes familiares) que manejan los hilos, al menos, de occidente.  

Desde su creación, y especialmente en las dos últimas décadas, el Foro Económico Mundial —como el Consejo de Europa, la OMS, Naciones Unidas y todas sus oficinas— ha sido el tenaz portavoz y brazo ejecutor —con los gobiernos vendidos y corruptos— de los urdidores de la Agenda 2030, y cada vez más descarados voceros adoctrinadores de una población anestesiada, en la conducción hacia el inicuo Nuevo Orden Mundial. Sin duda, la colaboración de la inmensa mayoría de gobernantes y políticos del mundo ha sido y es fundamental para la ejecución de cada capítulo globalista, especialmente aprobando leyes y normativas que favorecen este avance, en contra de los intereses del pueblo. La vacunación obligatoria y las medidas climáticas fueron caballos de batalla en pasadas reuniones en Davos; en esta última se ha mantenido la pretendida imposición de medidas a favor de “atenuar” el cambio climático a causa de la mano del malvado ser humano y la consiguiente eliminación de las emisiones de CO2 y gases de efecto invernadero, en base a teorías desmentidas por al menos 31.000 científicos de todo el mundo. Según predijo Al Gore en 2007 (por entonces se hablaba de “calentamiento global”), a partir de 2014 desaparecería cada verano el hielo en el Ártico; lo cierto es que en 2023 la superficie helada se ha mantenido como siempre. Con su documental Una verdad incómoda (que se emitió en salas de cine y televisiones de todo el mundo), sus libros de igual título y sus cientos de conferencias (a 200.000 dólares cada una) a estas alturas Gore es multimillonario. Por el contrario, el climatólogo estadounidense Patrick J. Michaels, investigador principal en estudios ambientales en el Instituto Cato, en Washington D. C., profesor investigador de ciencias ambientales en la Universidad de Virginia, hasta 2007; el físico norteamericano Richard Siegmund Lindzen, experto estudioso de la atmósfera, reconocido internacionalmente por su trabajo referente a la dinámica de la atmósfera intermedia, las mareas atmosféricas y la fotoquímica del ozono; el geofísico danés Eigil Friis-Christensen (fallecido en septiembre de 2018) que fue gran especialista en física espacial; Nir Joseph Shaviv, israelí-estadounidense, profesor de física en el Instituto de Física Racah de la Universidad Hebrea de Jerusalén; entre otros han afirmado con rotundamente: «La alarma del ‘calentamiento global’ se disfraza de ciencia, pero no es ciencia, es propaganda»; «No podemos decir que el CO2 (su aumento en la atmósfera) cambiará el clima, ciertamente nunca lo hizo en el pasado»; «Si el CO2 aumenta en la atmósfera como un gas de efecto invernadero, entonces la temperatura aumentará. Pero los registros de hielo muestran exactamente lo contrario. Así que la aceptación fundamental sobre la teoría del “cambio climático” se muestra falsa». Últimamente, John F. Clauser, ganador del Premio Nobel de Física 2022, ha negado sin paliativos la emergencia climática cacareada en el Foro de Davos, en medios de comunicación y en boca de políticos a sueldo. He querido señalar estas afirmaciones y datos para aquellos que lean este artículo y aún crean la patraña que constituye uno de los principales pilares en los que se apoya la criminal Agenda 2030.

El control social al estilo comunista es el objetivo que persiguen los pretendientes del Nuevo Orden Mundial, y sus fieles lacayos participantes en el último Foro de Davos, que mantienen los argumentos atemorizadores de emergencia climática y el de la próxima inminente pandemia que ocasionará el nuevo virus X, más terrible, más mortal, más aniquilador que el famoso SARS-CoV-2, causante de la enfermedad COVID-19, que anuncia el bien pagado Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, criado de la industria farmacéutica, a la vez que de Bill Gates (segundo financiador de la OMS, a través de su fundación). Y para ese control social, la identificación digital de la ciudadanía supone una herramienta fundamental. De ello se ha hablado en Davos sin tapujos. En su intervención, la reina Máxima de Los Países Bajos (consorte del rey Guillermo Alejandro), la argentina Máxima Zorreguieta, se mostró, con apabullante indiferencia hacia la libertad individual de los ciudadanos, muy partidaria del control de las personas a través de la identificación digital, entiéndase microchips insertados en la piel y reconocimiento facial a través de cámaras situadas en las ciudades y edificios públicos, como sucede en China, donde poseen el programa de reconocimiento facial más evolucionado del mundo. Trascribo textualmente sus palabras al respecto durante su participación en un coloquio en el pasado Foro: «…Porque para abrir una cuenta, necesitas tener una identificación. Tengo que decir que cuando empecé este trabajo, eran países muy pequeños. En África o América Latina. Que tenían un tipo de identificación omnipresente. Y ciertamente era digital. Y ciertamente era biométrico. Trabajamos con todos nuestros socios para ayudar a que sea… Quiero decir, a hacer crecer esto.

La parte interesante es que sí. Es muy necesario para los servicios financieros. Pero no solamente. También es bueno para la inscripción escolar, también es bueno para la salud: quién realmente se vacunó o no. Es muy bueno para recibir tus subsidios. Ya sabes, el gobierno. Por lo que no sólo afecta a los servicios financieros. Es un tema muy importante.» 

Afirmó Máxima Zorreguieta, sin sonrojarse, que la identificación digital permitirá saber quién se ha vacunado y quién no; es decir, se vulneraría la intimidad de la persona, además de extorsionarla al saberse registrada en un archivo digno del Mossad, la CIA o la Stasi. Y te preguntarás, ¿quién es la reina Máxima de los Países Bajos para intervenir con tal protagonismo en el Foro de Davos? El mal se mueve por vasos comunicantes, como lo hacen cloacas, nauseabundas, donde se refugian y alimentan las ratas urbanas. Máxima Zorreguieta participó en el Foro como representante de Naciones Unidas (cueva de corrupción y hogar de organizaciones criminales), dado que desde 2009 es “defensora especial” ante el Secretario General de la ONU de la financiación inclusiva para el desarrollo.

Pero ahí no quedaron las amenazas a la libertad de las personas.

La presidente del Consejo de Europa, Ursula von der Leyen —que está siendo investigada por la fiscalía europea por las irregularidades en la compra de vacunas COVID, siendo ella quien gestionó algunos contratos multimillonarios, a pesar del claro conflicto de intereses que suponía que su marido, Heiko, estuviese vinculado a las farmacéuticas Pfizer y Moderna, a través de la biotecnológica estadounidense Orgenesis, de la que es director médico—, se ocupó de hacer esta declaración de intenciones: «La preocupación principal durante los próximos dos años es la desinformación». Es decir, toda aquella información u opinión contraria a los intereses globalistas que se expongan en las redes digitales y medios de comunicación. ¿O lo dudas? Prosiguió: «Éste es un momento para generar confianza, momento para impulsar colaboración global más que nunca. Esto requiere medidas estructurales inmediatas que estén a la altura de la magnitud de los retos mundiales. Y creo que Europa puede y debe tomar la iniciativa en la configuración de la respuesta global». Es decir, que las oligarquías políticas europeas, al servicio de las oligarquías financieras globalistas, dirán qué se puede y no decir en las redes y medios, coartando la libertad de expresión. Porque eso es lo que se pretende, no te quepa duda. «El punto de partida para ello es profundizar en el informe de riesgos globales para trazar el camino a seguir. Muchas de las soluciones se encuentran no solo en el trabajo conjunto de los países sino también en las alianzas entre empresas, gobiernos, entre empresas, democracias. Trabajar juntos nunca ha sido tan importante para sectores público y privado.  Se trata de crear nuevo tejido conectivo, porque ninguno de estos desafíos respeta fronteras. Cada uno de ellos requiere colaboración. Se trata de gestionar los riesgos y forjar un camino a seguir. Y esto es lo que quiero hablar. Los gobiernos tienen muchas de las palancas para hacer frente a grandes desafíos de este tiempo. Las empresas, innovación y tecnología y el talento para ofrecer las soluciones que necesitamos para luchar contra amenazas de cambio climático y desinformación industrial.» Lo que viene a decir Van der Leyen es que se crearán alianzas entre los gobiernos y empresas privadas para luchar contra la “desinformación” (aún más de lo que ya hacen). O lo que es lo mismo, sellar la complicidad entre los gobiernos y las empresas (de comunicación, redes) en la censura de todo mensaje en desacuerdo con ellos, las oligarquías políticas al servicio de las oligarquías globalistas.

Hubo más descaros, muestra de la impunidad que siente esta panda de mafiosos, alentada cada vez más por la anestesia mental mostrada por la ciudadanía europea, especialmente.

Klaus Schwab afirmó en una de sus intervenciones, igualmente sin pudor, textualmente: «Las tecnologías tienen principalmente un poder analítico, ahora pasamos a un poder predictivo y hemos visto los primeros ejemplos. […] El siguiente paso podría ser entrar en guiones. […] Ya no habrá elecciones, porque ya puedes predecir lo que predices (el resultado), y luego puedes decir que son elecciones correctas.» ¿Cabe mayor desfachatez? Esa es la democracia que las oligarquías globalistas pretenden.

Aunque sobre el euro digital no se ha tratado principalmente, puesto que ya lo da por hecho Christine Lagarde, presidente del Banco Central europeo, y la consiguiente eliminación del dinero en efectivo, que supondría una pérdida de nuestra intimidad y libertad inimaginable, sí se habló de sus características. Sobre él, se manifestó Eswar Prasad, ex jefe de la División de Estudios Financieros del Departamento de Investigación del Fondo Monetario Internacional y anteriormente jefe de la División China del FMI, también textualmente: «El dinero digital deseable, tiene juegos potenciales enormes. No se trata solo de formas digitales de moneda física, puede tener programabilidad. Ya saben (dirigiéndose al público asistente), unidades de moneda del Banco Central con fechas de vencimiento». Adiós al ahorro, adiós a la propiedad.

Se habló en Davos con descaro de cómo se tiene previsto avanzar en el control social, con qué herramientas. Y lo han hecho, acelerando los procesos, porque, insisto, observan una población europea sin espíritu crítico, sin intención, en su mayoría, de enfrentarse a quienes deciden sobre nuestro futuro sin que nadie les haya elegido para ello.

Pero aquí no queda el descaro de los participantes en Davos. El canciller de la Hacienda del Reino Unido, Jeremy Hunt, afirmó textualmente: «Si tenemos la próxima pandemia, no queremos tener que esperar un año antes de recibir la vacuna, y si la IA (inteligencia artificial) puede reducir el tiempo que lleva recibir esa vacuna a un mes, entonces será un gran paso adelante para la humanidad». ¿Entonces la IA tiene la capacidad de superar las investigaciones en laboratorio antes de que se haya analizado el supuesto virus? Las alabanzas a la IA que se han vertido en el Foro de Davos de 2024 son parte del adoctrinamiento a la población, que creerá todo lo que nos cuenten sobre la capacidad de la IA, y por tanto rendirá la confianza de la población hacia todo lo que nos digan que se ha conseguido a partir de ésta. No dan puntada sin hilo los secuaces de la mafia globalista, por cierto, masones a mansalva entre ellos, además de ser la propia masonería parte importante de los urdidores del pretendido Nuevo Orden Mundial y su abyecta Agenda 2030.

Se ha dado la circunstancia de algunas notas discordantes con el mensaje único establecido. Una la protagonizó el flamante presidente de la República Argentina, Javier Milei, pronunciando su discurso en español, cuyas primeras palabras fueron: «Hoy estoy acá para decirles que Occidente está en peligro. Está en peligro porque aquellos que supuestamente deben defender los valores de Occidente, se encuentran cooptados por una visión del mundo, que inexorablemente conduce al socialismo, y en consecuencia, a la pobreza.» Alabó al capitalismo de libre empresa que «como sistema económico, es la única herramienta que tenemos para terminar con el hambre, la pobreza y la indigencia a lo largo y a lo ancho de todo el planeta». ¿No es acaso el liberalismo económico, el capitalismo puro y duro, quien ha creado monstruos como Black Rock y Vanguard, quienes con su poder mantienen a su merced las economías de naciones enteras? No es el capitalismo liberal la solución a la pobreza, ni lo es el socialismo. Lo es el razonable término medio. Sí es cierto que acabar con el crecimiento del insostenible aparato del Estado es vital, «el Estado se financia a través de la coacción y a mayor carga impositiva, mayor es la coacción, menor es la libertad.» El Estado nos sablea para luego malversas los recursos públicos en función de intereses partidistas, cuando no, en las dos últimas década, globalistas.

Afirmó Milei: «Otro de los conflictos que los socialistas plantean es el del hombre contra la naturaleza. Sostienen que los seres humanos dañamos el planeta y que debe ser protegido a toda costa, incluso llegando a abogar por mecanismos de control poblacional o en la agenda sangrienta del aborto.»

No son los socialistas solamente quienes plantean la «agenda sangrienta del aborto», una agenda criminal. También son defensores a ultranza del aborto una gran parte de los seguidores del liberalismo. ¿O no es acaso la genocida cadena de clínicas abortivas Planned Parenthood, financiada en parte por la Fundación Rockefeller y el gobierno de EE.UU., consecuencia del liberalismo económico? Tanto socialistas como liberales, con las excepciones que habrá, son cómplices del más execrable de los crímenes. Sólo en España, en 2022 se asesinaron (datos del Gobierno) 98.316 niños en el vientre de sus madres, un 9’01% más que en 2021. En la información se refiere al crimen como “número de interrupciones voluntarias del embarazo”. El adecuado manejo del lenguaje calma conciencias y relaja la mente de las masas a las que se pretende controlar.

Proclamó Milei: «Nosotros venimos hoy aquí a invitar a los demás países de Occidente a que retomemos el camino de la prosperidad. La libertad económica, el gobierno limitado y el respeto irrestricto de la propiedad privada son elementos esenciales para el crecimiento económico.» Insistió también en la reducción del peso del Estado, «que es el problema», y ahí lleva mucha razón. La intervención del Estado, insisto, (y demás instituciones) en la vida de las personas, con multitud de leyes, normativas, prohibiciones y sus consiguientes sanciones, ha esclavizado al pueblo, y este lo ha asumido con el más inconcebible aborregamiento.

Concluyó Milei con un guiño a los empresarios presentes. Un guiño inquietante: «No se dejen amedrentar ni por la casta política ni por los parásitos que viven del Estado. No se entreguen a una clase política que lo único que quiere es perpetuarse en el poder y mantener sus privilegios.

Ustedes son benefactores sociales. Ustedes son héroes. Ustedes son los creadores del periodo de prosperidad más extraordinario que jamás hayamos vivido. Que nadie les diga que su ambición es inmoral. Si ustedes ganan dinero es porque ofrecen un mejor producto a un mejor precio, contribuyendo de esa manera al bienestar general.» ¿Sabría Milei que hablaba a una panda de inmorales? Por supuesto que lo sabía.

Los emporios empresariales que controlan el 90% de los medios de comunicación; los que controlan la industria alimentaria; la farmacéutica; las petroleras; los que ahora se benefician de las políticas de la llamada “transición energética”; los fondos de inversión Black Rock, Vanguard Grupo, Fidelity Investments; los clanes Rockefeller, Rothschild, Morgan, Ford y otros… que en Davos tenían a sus observadores, embajadores, representantes o como queramos llamarles, no son benefactores sociales, y mucho menos héroes, cuya ambición desmedida por supuesto que es inmoral. Y estos son los que manejan como a marionetas a los dirigentes políticos que están conduciendo a Occidente, especialmente a Europa, al más profundo abismo. Porque todos estos tienen en nómina, de una u otra forma, a sujetos como Pedro Sánchez —al servicio descarado de Soros y Gates—, a Macron, a Ursula von der Leyen, a Tedros Adhanom, a la mitad del Parlamento europeo, a la tribu que habita Naciones Unidas… y más y más. Las oligarquías empresariales y políticas que pretenden establecer un nuevo orden mundial que nos llevará a la pérdida de la libertad, y su Agenda 2030. Pero eso no lo iba a decir Milei en ese lugar.   

La nota más discordante la dio en Davos una heroína, la  estadounidense Meryl Nass, doctora en medicina, experta en epidemias y bioterrorismo. A Nass se le retiró la licencia en mayo de 2022 por dispensar hidroxicloroquina a pacientes con COVID-19. El 11 de enero de 2022, ante el Comité de Salud y Servicios Humanos, declaró que había muchas razones para parar la campaña de vacunación COVID, «hasta que se hayan realizado suficientes estudios de seguridad». Yexpuso las siguientes razones: «Las vacunas COVID son experimentales […]. «Seguro y eficaz» es un «término técnico» de la FDA  (Administración de Alimento y Medicamentos de EE.UU.) que sólo podrá aplicarse medicamentos y vacunas autorizados […]. Todas las vacunas COVID disponibles actualmente en los Estados Unidos están sin licencia y son experimentales. Los medicamentos y las vacunas son productos autorizados o productos experimentales. No hay gris entre ellos en la legislación estadounidense. Ya sea que la investigación se realice explícitamente o no, el uso de los productos experimentales (incluidos aquellos emitidos bajo una autorización de uso de emergencia) caen bajo el Código de Nuremberg y bajo la ley estadounidense que regula los medicamentos experimentales.»

Las razones de la doctora Nass fueron desoídas y a media humanidad se le inoculó el fármaco experimental que está causando millones de efectos adversos y muertes.

Pues bien, la doctora Nass afirmó en Davos que la OMS pueda decidir las políticas sanitarias en el mundo, «alegando que el cambio climático, los animales, las plantas, los sistemas hídricos y los ecosistemas son todos fundamentales para la salud». Alertó de la intención de crear «un conjunto de leyes completamente nuevo e ignorar las leyes de derechos humanos existentes y otras leyes, con el pretexto de la preparación para una pandemia y la agenda de bioseguridad que la OMS está desarrollando». Asimismo denunció la intención de la OMS de censurar toda información contraria a la nueva única narrativa. Advirtió de la posibilidad de que la población sea inoculada con vacunas creadas en cien días, en pandemias que se crearán, imponiendo pasaportes digitales (ya conocemos el pasaporte COVID-pretendido por Ursula von der Leyen y que también en España padecimos). Subrayó que el director general de la OMS podrá declarar una pandemia o una pandemia potencial, sin estándares, «y entonces los países de todo el mundo tendrán que obedecer también a quien le dirá qué medicamentos puede y no puede usar en su nación, una vez que se declare una pandemia, obviamente, el presupuesto aumentará.» Por supuesto el macro negocio de la industria farmacéutica está asegurado.

Las valientes afirmaciones de la doctora Meryl Nass, sorprendentemente pronunciadas en el Foro de Davos, son una excepción digna del más alto elogio.

El panorama que nos espera, de no evitarlo por la fuerza de la mayoría ciudadana, echándonos a la calle y ejerciendo desde ya la desobediencia civil, es aterrador. Imagina una Europa donde el euro digital (eliminado el efectivo) será controlado por los gobiernos, en función de directrices del Banco Central europeo (a merced del globalismo), de tal manera que tu dinero (la parte que decidan) tendrá fecha de caducidad; lo que no te hayas gastado a tal fecha, caducará, desaparecerá, porque las élites no quieren que ahorremos, porque las oligarquías quieren acabar con la clase media poderosa. Imagínate que vas a comprar carne y el sistema digital no te permite realizar el pago, porque la huella de carbono que ha dejado tus anteriores compras de cárnicos lo imposibilita, pero podrás comprar “carne” artificial, la que fabrican ya empresas propiedad de los Bill Gates y compañía. Imagínate que vives en una zona acotada, a las que ya se llama ciudades de 15 minutos, y decides salir de ella para ver a tu madre que vive en otro pueblo, y justo, al atravesar la frontera, tu coche se para, porque un dispositivo así lo ejecuta, y no tendrás forma de arrancarlo si no lo empujas hasta la frontera atravesada “ilegalmente”, circunstancia que te supondrá una sanción económica, como mínimo. Imagínate que sales en bicicleta o paseando y atraviesas esa misma frontera, y entras en un bar, al otro lado, a tomarte un café y un bocadillo, y cuando pides la cuenta te encuentras con que tu dispositivo digital de pago no te permite efectuarlo. Sumémosle a este escenario —el día a día de la China comunista—, que en las calles de Europa se han multiplicado  las cámaras de vigilancia, por cada plaza, por cada calle, por cada rincón, cuya central dispone del programa de reconocimiento facial más avanzado del mundo, como ya sucede en China. De modo que en cada momento estarás vigilado por el sistema, más de lo que aún estamos. Mucho más. Imagínate que no tengas nada en propiedad —recuerda: «No tendrás nada y serás feliz», que reza la Agenda 2030—, porque todo, vehículo, vivienda, ciertos bienes, sólo podrás alquilarlo, y te lo alquilarán las oligarquías empresariales que serán propietarias de todo. No tendrás la casa ni el coche que quieras, sino los que estén estipulados según qué parámetros otros han decidido. Una máquina, seguramente. No te quepa duda. Imagina una España en la que los campos se han cubierto de parques de placas de energía fotovoltaica y molinos de energía eólica, allí donde antes había bosques, pinares y campos de cultivo y lugares en donde pastaba el ganado. Una España cuya agricultura y ganadería se han reducido tanto que todo nos llega de fuera, de Marruecos, Egipto, Sudáfrica, donde grandes emporios financieros controlan toda esa producción, que nos hacía antes una nación soberana en su alimentación. Imagínate nuestros ríos, lagos, acuíferos en manos de grandes empresas como Nestlé o Bezoya (que ya han comprado pantanos en España) que controlarán nuestra agua, la de consumo y la de regadío, ¡nuestras aguas, patrimonio de los españoles!, la que Pedro Sánchez está dejando irse al mar, destruyendo presas, para favorecer sequías y sembrar el caos en nuestros campos. Un negocio tan inmensamente suculento como el que tienen las farmacéuticas con los enfermos crónicos a los que venden medicamentos que sólo atenúan los síntomas, porque ahí está el negocio, en no curar, en lo que ya estamos desde primeros del siglo XX. Imagínate que cada cierto tiempo la OMS proclamará pandemias terroríficas, obligando a la población a inocularse el supuesto fármaco salvador recién salido del laboratorio, eliminando tu libertad (de muchas formas posibles) si no accedes a inyectártela; amén de encerrarnos en nuestras casas sin ninguna certificación realmente científica que acredite lo necesario de tal medida. E imagínate una sociedad aún más controlada de lo que ya lo estamos, en la que se impide la libertad de expresión en medios de comunicación o en redes, como realmente apuntó Ursula von der Leyen con su discurso en Davos, porque toda opinión contraria a los intereses de las malditas oligarquías políticas y financieras vertida en redes o en cualquier medio será censurada, dado que será considera “desinformación”. Y esto no es más que una muestra del futuro que nos espera si no lo impedimos los europeos, si no lo impedimos los españoles. Un pueblo español aún más adoctrinado y vencido por la desidia, por el conformismo, por la pleitesía a quienes tienen como objetivo arrebatarnos toda soberanía, por quienes pretenden el más sovietizado control social, que favorecerá la inteligencia artificial que sustituirá al ser humano en funciones comprensibles e incomprensibles, a la fuerza. Pueblo que rinde pleitesía a esas mismas élites criminales que pretenden reducir la población mundial, la que les sobra, en función de sus inicuos intereses. Y ya no hay excusas, porque hoy, quien no conoce, no conoce porque no quiere saber, porque prefiere ser esclavo y pasar inadvertido a ser libre luchando por la libertad.

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