Publicado en el boletín Afán nº 21

Plácido Domingo es sin duda una de las figura de la cultura españolas más universales. Fue elegido en 2008 como el más grande tenor de todos los tiempos, nada menos, por un selecto jurado de dieciséis críticos de primerísimo orden requeridos por la revista BBC Music Magazine. Sobre él afirmó Michael Tanner, crítico de la revista británica The Spectator,miembro del jurado:«Desde los sesenta, el mundo de la ópera parece inconcebible sin Domingo, y el enorme tesoro de sus grabaciones dará testimonio de su grandeza a futuras generaciones». El currículo artístico de don Plácito es apabullante, ha interpretado óperas de todos los grandes compositores, en los más importantes teatros del mundo, cosechando éxitos reconocidos por la crítica y el público, hasta tal punto de que el 30 de julio de 1991, luego de interpretar el Otelo de Verdi en la Ópera Estatal de Viena, el público en pie le aplaudió durante ochenta y un minutos, superando la marca que ostentaba Luciano Pavarotti. Ha sido, además de cantante, productor, director de orquesta, y director general de la Ópera Nacional de Washington y de la Ópera de Los Ángeles. Entre otras muchas distinciones posee la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio y la Orden del Imperio Británico. Éste es un pequeño resumen de la excelencia de quien hasta no hace mucho era uno de nuestros más grandes embajadores.

Una vida plagada de éxitos y reconocimientos que se ha visto truncada en seco por la divulgación de unos supuestos acosos por parte del tenor a unas mujeres compañeras de profesión o vinculadas al mundo de la ópera. La cronología de los hechos es la siguiente: En agosto de 2019, la más importante agencia de noticias de EE.UU., Associated Press, publicó los testimonios de nueve mujeres, ocho de ellas cantantes y una bailarina, acusando al tenor español de acosarles sexualmente cuando empezaban en la profesión.​ Las presuntas víctimas explicaron que Domingo las incitaba a tener relaciones sexuales y que, de rechazarlo, no obtendrían favores laborales por parte del cantante. Pero ninguna de ellas dio la cara, salvo la mezzosoprano Patricia Wulf que acusó a Plácido Domingo de supuestos acosos hace 30 años, declarando en una entrevista para ABC: «Plácido Domingo es un depredador y sí fue agresivo conmigo y otras mujeres». No hubo pruebas ni concreciones claras, los supuestos testigos y víctimas mantuvieron su anonimato. Patricia Wulf, que no llegó donde quería, y que llamaba al maestro «Dios», afirmaba en Linkedin (como se puede ver en la foto que acompaña el artículo) sentirse muy afortunada de haber cantado con Plácido Domingo, texto que más tarde eliminó; la misma Wulf que mostraba a los periodistas una foto de 1998 (siete años después de afirmar ser acosada por Domingo), en la que ella se muestra muy sonriente junto al tenor español que sujeta en brazos a su propia hija (la de ella). Y yo me pregunto ¿es lógico ese comentario público sobre su supuesto acosador, el hombre que le ha marcado de por vida negativamente, según afirmó?; y más extraño aún, ¿es normal que una mujer se fotografíe con su hija junto a su supuesto acosador, al que ha ido a visitar al camerino después de una actuación en la Ópera de Washington? ¿Es natural, en tales circunstancias, esa sonrisa abierta y alegre, esa mano sobre el hombro de su acosador que muestra Wulf en la foto?

Domingo hizo público un comunicado en el que afirmaba que las acusaciones eran «inexactas», que creía que «todas mis interacciones y relaciones siempre eran bienvenidas y consensuadas» y que opinaba que «las reglas y estándares por los cuales somos, y debemos ser, medidos hoy son muy diferentes de lo que eran en el pasado», cuestión que puede considerarse políticamente incorrecto, pero no deja de ser cierta. Una mujer acusó a un hombre sobre hechos de hacía 30 años, otras acusaron anónimamente, pero la progresía norteamericana ya lo condenó. El movimiento Me Too, de hipócritas y cínicas millonarias yanquis, condenan de inmediato a Domingo, carnaza de primer orden. Y las llamo hipócritas y cínicas porque no les he visto ni oído ningún clamor contra los maltratos, abusos, violaciones y crímenes contra niñas y mujeres en multitud de lugares del mundo, particularmente en la India y en las repúblicas islámicas. Hipócritas y cínicas.

No hubo denuncia en un juzgado, juicio y condena, pero los conciertos del tenor previstos en fechas próximas en Filadelfia y San Francisco fueron cancelados de inmediato.

Sin embargo, las cantantes Paloma San Basilio y Ainhoa Arteta, que han trabajado en varias ocasiones con Domingo, defendieron al tenor, subrayando su actitud siempre profesional, cordial y generosa. Otros profesionales que se pronunciaron en defensa del cantante español fueron las sopranos Raina Kabaivanska, Sonya Yoncheva, Davinia Rodríguez y Saioa Hernández, el guitarrista Pablo Sáinz Villegas y el tenor Javier Camarena.

Ya el 24 de septiembre de 2019, en su página oficial, AGMA (American Guild of Musical Artists, sindicato estadounidense que representa a  cantantes de ópera y demás profesionales del sector) enunciaba: «La investigación interna de AGMA sobre las acusaciones de acoso y discriminación contra Plácido Domingo está en curso. Anticipamos que la investigación tomará de dos a tres meses en realizarse y no podemos comentar sobre detalles […]. AGMA alienta a cualquier persona que pueda tener información relevante para la investigación a comunicarse con la asesora de AGMA Eastern Wendy».

Pero, ¡oh, sorpresa!, el periodista Michael Cooper, en The New York Time publicaba el 25 de febrero de 2020 un artículo con este titular: «La divulgación de las acusaciones de Plácido Domingo obstaculiza el acuerdo de $ 500,000»; y este subtítulo: «La superestrella de la ópera estaba discutiendo un acuerdo para pagar al sindicato de artistas intérpretes o ejecutantes para limitar las declaraciones sobre su investigación de conducta sexual inapropiada, pero el acuerdo se vino abajo después de que se filtraron detalles». Es decir, nosotros, la progresía estadounidense, que nos arrogamos la autoridad moral para juzgar y condenar a un hombre a quien unas mujeres acusan de supuestos abusos de hace 30 años, sin pruebas, anónimamente, suavizaremos la cuestión a cambio de meternos en la buchaca una pasta gansa.

Ese mismo 25 de febrero, Plácido Domingo hizo unas declaraciones en las que pedía perdón a las mujeres que le habían acusado (cuyos nombres se desconocía, salvo Patricia Wulf) por «el dolor causado» y aceptaba «toda la responsabilidad» por las acciones denunciadas. De inmediato, el Ministerio de Cultura de España canceló los dos conciertos que tenía previsto dar el cantante en el Teatro Real. Luego rectificó Domingo con un comunicado emitido a la agencia EFE, en el que decía querer ofrecer una «declaración adicional» para corregir la «falsa impresión generada por mi disculpa en algunos de los artículos que informaron sobre la investigación» del sindicato AGMA. Pero ya se había desatado el desmoronamiento de la carrera del mejor tenor de la historia.

Días después, Domingo anunció que había donado 500 mil dólares a la AGMA como  contribución a programas de erradicación del acoso sexual y a un fondo que ayuda a los empleados de ópera en crisis.

Estudié el caso, leyendo muchas informaciones al respecto, de prensa española y estadounidense. Declaró Wulf: «Él quería que fuera a su casa y no a la mía. Quería que me fuera con él esa noche». De ser cierto, ¿por qué lo denuncia 30 años después? ¿Hay pruebas de que Domingo truncara de alguna manera la carrera de la cantante estadounidense? Otra de las mujeres que acusó a Domingo según Associated Press, que pidió mantenerse en el anonimato, mantuvo que el tenor «siempre te estaba tocando de alguna manera y siempre te besaba». ¿Siempre te tocaba de alguna manera y siempre te besaba? ¿Es ésta una afirmación sobre un hecho que se pueda interpretar como el acoso de un hombre sobre una mujer que se sostenga? La cuestión es que estos testimonios anónimos han llevado a la ruina a un hombre, y han acabado con la carrera de un extraordinario artista.

¿Por qué salieron a la luz pública unos supuestos abusos después de 30 años?  Parece que puede estar detrás una sibilina y perniciosa maniobra de acoso y derribo urdida por una secta tan poderosa como opaca, la Iglesia de la Cienciología, que se dio a conocer fundamentalmente a través del famoso actor Tom Cruise (cuyo fanatismo parece que acabó con su matrimonios con Nicole Kidman y Penélipe Cruz) , destacado miembro. Esta secta (así considerada por numerosos estados, Francia entre ellos), fundada en Los Ángeles en los 50 por el estadounidense, autor de literatura de ciencia ficción, Lafayette Ronald Hubbard, es conocida por sus campañas de desprestigio contra todo aquel que la critique. Como curiosidad, al entrar en la página web de Scientology España, podemos leer sobre su fundador: «Lo que más distinguía al joven L. Ronald Hubbard era una curiosidad insaciable, junto con un deseo innato de mejorar la condición humana». Me llama la atención que se afirme: «A los 19 años [en 1930] él [Hubbard] ya había viajado más de cuatrocientos mil kilómetros y atravesado gran parte de China e India». Veamos, si la Tierra tiene un contorno (por el ecuador) de 40 mil kilómetros, ¿recorrió lo equivalente a diez vueltas al planeta, en dos o tres años?, que fue el tiempo que estuvo por esos lares. Esto no es más que una anécdota que ventila un tufillo peliculero.

Lo cierto es que según afirmó la periodista Guadalupe Sánchez en un artículo en Vozpópuli, «Plácido Domingo y la duda razonable», subtitulado: «Convertir la mera palabra de alguien en un dogma de fe no casa con el Derecho». Un sindicato por muy poderoso que sea no es un Tribunal de Justicia. Descubrió la periodista que el sindicato AGMA es una filial del Sindicato de Actores de Cine y la Federación Americana de Artistas de Radio y Televisión estadounidenses (SAG-AFTRA), vinculada a la Iglesia de la Cienciología, con quien tuvo el tenor español un serio enfrentamiento. Recuerda la periodista que: «En 1992 la nuera de Plácido comenzó a trabajar en el centro de celebridades de la Cienciología que hasta hace apenas tres años se anunciaba en las publicaciones del sindicato. Allí conoció a los dos hijos de Plácido, miembros de la secta, y se casó con uno de ellos. Plácido siempre intentó liberar a sus hijos de las garras de la secta, y lo consiguió con uno de ellos. El otro, según la familia, sigue siendo miembro porque la Iglesia de la Cienciología está estrechamente ligada al mundo del famoseo estadounidense, muchos de cuyos miembros también lo son del sindicato. La secta decidió tomar represalias contra Plácido machacándolo en lo privado para arruinarlo en lo público. Y parece que encontró en las ansias revanchistas del movimiento Me Too el instrumento perfecto. Y, al margen de otras consideraciones, les ha funcionado».

Es una canallada que se pueda machacar a un hombre, como se ha hecho con Plácido Domingo, sin pruebas, señalado por una progresía tan aberrante como es la estadounidense, que mira por encima del hombro al resto de la humanidad. Bien lo dijo Albert Boadella, que estalló contra los teatros que cancelaron las actuaciones de Plácido Domingo: «Puto gremio de vasallos». Yo estoy de acuerdo con él.

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