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Homilía

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La revelación, el darnos a conocer con un lenguaje profético el futuro, que se repite pues siempre es presente, esta batalla es el combate que han de librar el que da testimonio de Cristo con el enemigo, el anticristo.

Y esto para nosotros, para nuestra mentalidad, es un poco difícil de entender, porque al pensar en otros tiempos creemos ilusoriamente y equivocadamente que no había batallas, que no había una guerra espiritual y eso es permanente en la historia del cristianismo, en la historia de la salvación, pensad por tanto, que no podemos descansar.

Y, que en todo momento, en todo lugar, nuestra actitud debe ser beligerante. Y, cuando, no estamos vigilantes, cuando no somos vigías, en ese mismo instante, el enemigo empieza a entrar en la ciudad y a destruirlo todo, como ocurrió con Jerusalén; Jesucristo, lo profetizó y lo hemos escuchado en el evangelio y así ocurrió.

Pero lo que acaeció en ese tiempo sigue sucediendo con nuestra iglesia y vemos cómo no hay ninguna etapa de la historia donde no sea perseguida en algún lugar, de una forma cruel como Nigeria o de una forma solapada, como en la propia España.

El que nosotros entendamos la vida en un combate nos hace tener espíritu militante, por eso la iglesia que peregrina en la Tierra se le denomina Iglesia militante.

Nosotros, hoy que estamos celebrando esta Santa Misa por dos seres queridos, pues muy bien, pensad que ellos seguramente ya están en la Iglesia Triunfante, en la iglesia victoriosa, pero por si queda alguna duda celebramos la Santa Misa y la ofrecemos por si están en la Iglesia purgante, pero lo normal es que cuando uno celebra una misa de difuntos, tenga ya la idea de que esa oración siempre va a beneficiar, si no por aquellos, porque se ofrece, porque ya no la necesitan, sí, por nuestras propias almas, y, en el tiempo, por aquellos que se encuentran todavía en el purgatorio.

Esa vida de combate nos hace también tener una relación permanente con aquellos que ya han partido de este mundo y que han entendido la vida de esta manera, como Jesucristo, denunciando el mal haciendo el bien, presentando un programa de vida.

Todo esto, bajo la capa de la divina providencia, que es la que nos ayuda y la que en definitiva elige a una serie de personajes, para que esas personas se hagan presentes en la historia y conduzcan a los pueblos en orden a la salvación eterna.

¿Por qué perdió Jerusalén su templo? , por una razón clara, no recibieron al Señor, ¿por qué las sociedades católicas que dejan de serlo empieza a hundirse en la miseria moral, y, por tanto en la tristeza?. Porque no perciben al Señor...

Y aquí es donde nosotros, combatientes, tenemos que recordar a esas figuras, que sí combatieron y no precisamente porque fueran partícipes de una guerra, sino porque entendieron toda su vida en ese sentido de combate permanente.

Y esto porque es más difícil la batalla de mantener una sociedad espiritualmente hablando sana, que incluso podríamos denominarla santa, que una batalla en un campo de guerra.

Y esto es lo que algunas veces nosotros olvidamos en los personajes católicos, batallar en la familia, batallar en el trabajo, batallar en la sociedad para presentar siempre a Cristo, y esto es lo que hizo doña Carmen y Francisco Franco, precisamente, ni más ni menos.

Tener una idea de que haya donde se movieran, tenían que hacerlo en el nombre de Cristo, el rezo del Rosario, en familia, la Santa Misa, pero después la legislación católica, los medios de comunicación con una proyección cristiana, procurar la educación de los jóvenes dándosela a la iglesia, que después chaquetea, y, ya sabemos lo que pasa pero, en definitiva, procurar y buscar que todo lo que está encomendado por el Señor, porque toda autoridad viene de arriba, Francisco Franco sea precisamente lo que él haga, santificar al pueblo. Y esa es también nuestra tarea, santificarlo y santificar a los demás con nuestro ejemplo y con nuestra palabra.

El silencio que hay actualmente, en todos los que se llaman católicos, empezando por la jerarquía con respecto a temas importantísimos, nos muestra que hemos perdido el sentido de la vida cristiana como batalla, como combate constante y permanente.

Hoy, nosotros estamos invitados a seguir los ejemplos de aquellos que fueron para nosotros estandartes de esa civilización cristiana.

Venir aquí, para celebrar una misa en sufragio por las almas de Francisco Franco y de doña Carmen no es un acto baladí o superfluo no es una cosa que haya que hacer todos los años…porque la tradición… porque nosotros los católicos acostumbran a esto… No, no, no… es algo muy importante: estamos entrando en relación con la iglesia global, (el termino global no me gusta mucho) Estamos entrando en ese sistema en el que nosotros hablamos con Franco, hablamos con doña Carmen, a través de Dios, ellos rezan por nosotros y en sentido del agradecimiento e interceden para que también nosotros un día podamos ir accediendo a la vida eterna y contemplar el rostro de Dios.

Pues pensad en todo ello, porque en definitiva es a lo que estamos invitados por Jesucristo, id y predicad, id y batallad, bautizad, no dejéis que la gente permanezca sin conocerle y buscar la manera de desarrollar esa vida espiritual y cristiana en todo el Mundo.

Cuando uno, esté en el Juicio Final, lo que nos va a preguntar el señor va a ser precisamente en orden a este combate; muchas veces pensamos: “ no, nos va a preguntar por los pecados de la carne… Él sabe cómo somos, las veleidades..”

¿Tú, diste testimonio del Mundo?, ¿tú, te presentaste a los demás como cristiano? Pues eso lo que hizo Franco, lo que hizo doña Carmen y tanta gente como nuestros padres, y los que tienen todavía padres vivos, aunque casi todos los que estamos aquí los tenemos ya difuntos; ¿qué hicieron por nosotros? Pues dar testimonio de Cristo.

¡Pues hagamos eso ¡Y seamos implicados en esa tarea de ir extendiendo ese Reino de los Cielos.

¡Bueno!, los analfabetos de la Religión que habitan por todos lados se creen que la misa es un acto de homenaje, ¡es una acto de homenaje a Dios! pero ciertamente es un sacrificio de Jesucristo en la Cruz que se ofrece por las intenciones que en ese momento trae a nuestro corazón, intenciones de vivos, intenciones de difuntos. Hoy, nosotros, simplemente, en espíritu de agradecimiento, le decimos al Señor: “Gracias”, por ese regalo que nos dio de poder criarnos católicamente, cosa que ahora es dificilísimo y que para nosotros fue muy sencillo.

Porque lo tuvimos todo, dar gracias al Señor por habernos dado esos personajes providenciales que nos ayudaron en esa finalidad de ser personas como hoy, confesamente católicos.

Ya no me extiendo más porque ustedes ya lo saben todo, al igual que yo. Pero sencillamente esta breve reflexión para que nos animemos a combatir. No seamos personas tertulianas, de esas que están en los medios de comunicación que saben de todo, de medicina, de política, de economía y que, están todo el día mostrando sus conocimientos.

No seamos personas de coloquios en casinos… no, no, seamos combatientes.

Y esto es, lo que en definitiva nos agradecería hasta el propio Franco, que seamos combatientes; cuando él se vio solo en la reforma última por culpa de Roma y del Concilio Vaticano II y todo lo que se vino, ¿qué le pasó?, se vio solo, la jerarquía también se fue abandonando menos dos o tres obispos o cuatro, luego vino la Constitución; pues por eso nosotros tenemos que ser combatientes.

No nos olvidemos de esa verdad, y ahora, vamos a orar y a pedir por las intenciones.

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