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Estamos en Guerra

 

José María Manrique

 

Por supuesto, estoy refiriéndome a la del Valle de los Caídos, pero también a la Religión Católica.

Al respecto, recordemos que los fines de la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos son “rogar a Dios por las almas de los muertos (¡todos!) en la Cruzada Nacional, impetrar las bendiciones del Altísimo para España y laborar por el conocimiento e implantación de la paz entre los hombres, sobre la base de la justicia social cristiana”  (BOE nº 226, de 5 de septiembre de 1957)

La Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos.

 

Tiempo atrás, pero sobre todo desde hace dos años por estas fechas, escribí sobre las motivaciones que había tras los ataques al Valle de los Caídos, ya por entonces gravísimos. Resaltaba que lo eran, y lo siguen siendo, no solo contra el monumento de Cuelgamuros en sí o como lugar de reconciliación tras la Cruzada de Liberación (quede lo de guerra civil para quien quiera minimizar o tergiversar), o contra el enterramiento de Franco en él. Se trataba  de  un ataque en profundidad no solo contra “la memoria” del Régimen del 18 de Julio, e incluso contra la licitud de su sucesor, Monarquía incluida, sino contra la España auténtica, tradicional y, consecuentemente, contra  la  religión católica que ha sido su esqueleto y alma desde la Hispania visigoda e incluso tardorromana.

 

Hace un año se produjo la profanación de la sepultura de Franco, previo haberlo sido la Basílica Pontificia de la Santa Cruz, todo lo cual solo pudo ser posible por el contubernio entre los estados de España y el Vaticano. Y ello con la consiguiente conculcación de la más variada legislación internacional y nacional, empezando por la Constitución y pasando por encima de casi innumerables derechos individuales y colectivos. Aquello, ocurrido con el silencio y la complicidad de la mayoría de las instituciones, demostró hasta la saciedad el quebranto del estado de derecho. Tampoco hubo una reacción patriótica o católica significativa.

Sin ningún género de duda, esta facilísima y trascendental victoria de frente popular mundialista demostró a sus autores que el campo estaba despejado para cualquier barbaridad, por gigantesca que fuera.

Tras otra descarada fractura del estado de derecho con ocasión de la enfermedad denominada Covid-19 y el falso y abusivo estado de alarma que se nos impuso y seguimos sufriendo, el ataque se ha plasmado en el anteproyecto de ley de “Memoria Democrática” presentado el pasado 15 de septiembre. El Gobierno, que tiene previsto su entrada en vigor en el primer semestre de 2021, anuncia que permitirá «fondos para reabrir fosas en un ambicioso plan de exhumaciones, un banco de ADN para las víctimas del franquismo, la retirada de los títulos nobiliarios y las condecoraciones vinculados a la dictadura, la anulación de las sentencias dictadas durante este periodo y la “resignificación (Sic) del Valle de los Caídos” como un cementerio civil». De las declaraciones de miembros del Gobierno también se desprende que «la gestión de la basílica se encargará a Patrimonio Nacional… de modo que la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, dirigida por benedictinos, “se extinguirá” … (habrá) prohibición de las asociaciones y fundaciones que, dependiendo de fondos públicos, hagan apología del franquismo, enaltezcan figuras ‘dictatoriales’ o inciten, directa o indirectamente, “al odio o violencia contra las víctimas” de la Guerra Civil española y el franquismo», por lo que habrá que modificar la Ley Orgánica del Derecho de Asociación y también la Ley de Fundaciones. La Vicepresidente Calvo también dijo, prácticamente, que el Gobierno expulsará a los benedictinos del Valle de los Caídos y no descarta derribar la cruz, afirmando que se abrirá un período de reflexión sobre el destino del símbolo más reconocible del conjunto monumental (¡literalmente y sin que la Justicia, especialmente las Fiscalías de Delitos de Odio, y el Vaticano, rechisten!).

 

Las medidas de esa prevista nueva ley con relación al Valle.

Su Título II dice literalmente:

«En cuanto al Valle de los Caídos, se enfatiza su resignificación (re-Sic) con una finalidad pedagógica y se reconoce el derecho de los familiares a recuperar los restos de sus ascendientes. Las criptas adyacentes a la Basílica y los enterramientos tienen el carácter de cementerio civil y solo podrán albergar restos de personas fallecidas a consecuencia de la Guerra Civil. Asimismo, se procederá a reubicar cualquier resto mortal que ocupe un lugar preeminente en el recinto. En ningún lugar del recinto podrán llevarse a cabo actos de naturaleza política ni exaltadores de la Guerra Civil, de sus protagonistas o de la Dictadura. Se declara extinguida la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos».

 

Traducido a lenguaje común, lo anterior quiere decir que el PSOE y sus socios comunistas y separatistas, además de los supuestamente de ‘centro’ y ‘derecha’ que le mantienen en el poder con sus acciones y omisiones, van a desacralizar el templo, profanarlo, exhumar a quien les parezca, sin seguridad científica de su identificación, y atropellar a cuantas personas, asociaciones, instituciones se opongan a ello, si es que ocurre el milagro de que alguien se oponga.

Las exhumaciones .

 Con  relación  a  las  exhumaciones  que  propugna,  recordemos  que  El Valle contiene la Basílica Pontificia de Santa Cruz del Valle de los Caídos, erigida como tal en 1960 por Juan XXIII y consagrada por el Cardenal Cicognani como representante suyo, la cual está acogida a los Acuerdos Iglesia-Estado, con lo que ello conlleva de tratado internacional.

Es un lugar sagrado de oración y reconciliación en cuyas criptas y sepulturas yacen más de 37.400 caídos registrados, de los dos bandos, que pueden elevarse hasta 60.000 según otras estimaciones. Más de 70 de ellos están en proceso de reconocer su martirio (hay 57 Beatos proclamados oficialmente por la Iglesia y 15 Siervos de Dios). También hay en los osarios algunos pocos fallecidos con posterioridad a la contienda y, en el exterior, los monjes fallecidos y otras personas.

El informe forense del Ministerio de Justicia del 15 de diciembre de 2011, firmado por el prestigioso forense D. Andrés Bedate Gutiérrez, dejó claro que la complejidad de exhumación de cualquier resto del Valle de los Caídos es ‘extrema’, dado que, sobre venir los restos, en ocasiones, ya mezclados desde las fosas comunes, el tiempo y la humedad ha destrozado muchas de las cajas que los contenían y se ha producido una mezcla mayor. Un posterior informe del Ministerio de Justicia, de 28 de febrero de 2018, cuantificó en 213.392.846’23 euros el incremento de los créditos presupuestarios para acometer la exhumación e identificación de los restos. Otro informe, del Consejo Médico Forense de fecha 1 de 0ctubre de 2018, pone de manifiesto, en al menos 24 ocasiones, la extrema dificultad de exhumación de restos desde diferentes puntos de vista, especialmente los técnicos y jurídicos.

Pero, sin duda, lo más trascendente católicamente hablando, es que las exhumaciones conllevan el peligro de entregar parte los restos  martiriales junto con los de los reclamados por los familiares (en el mejor de los casos) y los de otros caídos.

– Por supuesto, la pretendida reubicación de los restos de José Antonio Primo de Rivera colisiona con la secular inviolabilidad de un recinto sagrado y los derechos de sus descendientes, regulados por múltiples leyes.

La extinción de la Fundación y la resignificación del Valle

 Resignificar es una palabra que no está en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua.

 

La Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos y la Basílica, repetimos, están sujetos a un tratado internacional y al Derecho Canónico de la Iglesia Católica. Por ello, todo lo que conlleve cambios en ambas debe estar sometido al derecho internacional y al católico. Al menos en teoría, pues ya se vio la actuación política y judicial española hace un año y la connivencia de la Conferencia Episcopal y el Vaticano.

La Conferencia Episcopal Española, por medio de su secretario general y portavoz, el obispo Luis Argüello (comunista en su juventud), «ha tachado de ‘anacrónico’ que el Gobierno quiera convertir el Valle de los Caídos en un cementerio civil, defiende la permanencia de la Cruz como “signo de reconciliación” y de los monjes benedictinos, y se muestran ‘preocupados’ porque la Ley de Memoria Democrática “quiere escribir una especie de historia oficial”». Pero, a la vez, «piden que permanezca la basílica y la comunidad de monjes benedictinos para mantener el culto … aunque se “resignifique” el lugar», admitiendo lo inadmisible. Días antes, el 19 de septiembre, tras la salida de la extraordinaria y llamativa reunión de los Monseñores Omella (Presidente de la CEE), Osoro (Arzobispo de Madrid) y el citado Argüello con el Papa, el arzobispo de Barcelona subrayó que “es un tema que concierne más  a  la Iglesia de Madrid (y) desde la conferencia episcopal estamos dispuestos a ayudar. Pedimos que haya un diálogo en la sociedad y con nosotros, la Iglesia”. Carlos Osoro, quien acompañó el año pasado a la Vicepresidente Calvo en su última visita al Vaticano un par de semanas antes de la profanación de la tumba de Franco, insistió en que “el Valle de los Caídos puede ser una gran esperanza. Es un momento para que este lugar sea un lugar donde volvamos a recuperar la fraternidad (sic), la reconciliación, la paz… y que buscamos que sea un lugar para volver a lo fundamental … Es una oportunidad grande para todos”.

Como ocurrió hace un año, parece que la el Vaticano y el Gobierno están de acuerdo en resignificar El Valle, signifique eso lo que signifique esa maldad, aunque, sin duda algo muy próximo a los planteamientos gubernamentales, y solo algún matiz de detalle puede estar en el aire. Y nadie parece darse por aludido de la monstruosidad claramente contemplada de destruir la cruz.

San Lorenzo de El Escorial, Cruz del Valle de los Caídos | Sierra de Guadarrama | Madrid

Invertebración y Orfandad

La deriva de España, fundamentalmente tras los inexplicados e inexplicables atentados del 11M y la ascensión al Gobierno del PSOE, ambas ocasiones motejadas por muchos como golpes de estado, y tras las ‘incomprensibles’ actuaciones del PP y de múltiples instituciones del Estado en ambas, conduce inexorablemente a su autodestrucción como nación y a la persecución a la religión católica. Y esto último, no lo olvidemos, conlleva la de los católicos, sobre todo en España, nación a la cabeza de las mayores persecuciones cruentas.

Y estamos en los pasos finales, uno de los  cuales,  importantísimo porque tiene como objetivo la destrucción del alma de España y de la religión católica en la Hispanidad toda, es El Valle de los Caídos.

Desde la profanación de la Basílica de la Santa Cruz y de la sepultura del Generalísimo Franco ha quedado meridianamente claro la quiebra total del estado de derecho. Pero también la apenas disimulada postura pontificia, alineada con los postulados mundialistas que mueven los hilos de la revolución en España y el resto del mundo. Si gravísimo es lo primero, la orfandad espiritual en la que estamos los católicos españoles, como consecuencia de lo segundo, es aterradora.

Y junto a lo anterior, la terrible losa, la clara certeza de que estamos desunidos, invertebrados. Y sin organizaciones que amplíen nuestras fuerzas humanas, e incluso espirituales, poco conseguiremos.

Eso y la falta del sacrificio. Un dato: ¿cuántos personas o instituciones resultaron multados o sufrieron arrestos cuando las profanaciones (recordemos que las meras concentraciones eran objetivos de la animosidad gubernativa)? Yo, desde luego, no, y las organizaciones que conozco, políticas, laicas o religiosas, tampoco. Y nos jugábamos mucho, algunas ‘asociaciones’ incluso su existencia y objeto fundacional. Pues eso.

Querría equivocarme, pero corren tiempos en los que parece que ninguna ‘agrupación’ hará nada para detener la nueva profanación y la destrucción, incluso física, del Valle. Al menos, nada que no sea recurrir a instancias internacionales, a la ‘Justicia’, o a los medios de comunicación, los cuales, en definitiva y en su conjunto, se han mostrado claramente partidarios de las posturas mundialistas partidarias de la destrucción de España y del catolicismo tradicional. Cuando deberíamos, al menos, inundar El Valle para rezar desde él y por él, por España y por nosotros, además de hacer  una muralla humana frente a la tiranía anticristiana y antiespañola.

Momento en el que se introduce el ataúd en la Basílica.

Los Comunidad Benedictina, la Basílica y la Cruz, son el muro que nos protege ante el cataclismo que se avecina. Debemos implicarnos en acciones concretas y eficaces, manifestarnos, poner frente a un espejo a la Justicia, la Nunciatura y la Conferencia Episcopal, oponernos, en una palabra y con todas nuestras fuerzas, a semejante tragedia. Si no lo hacemos, será un error histórico y una omisión grave de consecuencias no tan impredecibles, pues ya sabemos cómo se desarrollaron las revoluciones en España en los dos siglos anteriores. Y de una revolución aterradora estamos hablando.

Ante este panorama, un buen amigo  me dice que, si llega el día en que se anuncie el derribo o modificación la cruz del Valle, habrá más voluntarios extranjeros para defenderla que compatriotas nuestros. Desgraciadamente, reconozco que no le falta razón en su planteamiento, pero, de ser así, que sea porque los que debiéramos hacerlo estemos muertos o detenidos, solos o en grupo.

 

Y si no es así, como en el juramento a la Bandera, “que Dios … nos lo demande”.

 

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